Apenas un punto blanco

Una cadena interminable de diapositivas finiquitada con dos letras: No. Y de pronto, al escucharlas, explota la burbuja y se diluyen los colores para cederle el protagonismo al negro. La oscuridad impuesta por un No. Única respuesta a una pregunta postergada demasiado tiempo. Aplazamiento tutelado por la cobardía, por el miedo a la llegada de una certeza en el fondo anticipada, conocida, descubierta, pero no asumida.

Nada más pronunciarla recula dos pasos con la cabeza erguida y la mirada instalada en la lejanía, una tal vez más preocupada por el siguiente encuentro. Con otros ojos, de un brillo estrenado, novedoso, que le devolverá el espejo.

Entonces, sin más, sale de la habitación y cierra la puerta tras de sí para dejarme con la certeza del vacío. Un aire frío que comienza a adherirse a mi piel para terminar conquistando cada centímetro de mi cuerpo.

Las paredes blancas que me rodean comienzan a ceder. Metro a metro la oscuridad las va tomando. Primero la que rodea la puerta, enseguida las de los costados, el techo. El desasosiego le ha ganado la mano a cualquier intento de resistencia.

Y de pronto, cuando está a punto de cegar la ventana para sumirme en una oscuridad absoluta, lo descubro. Los brazos retorcidos y agrietados me lo muestran. Apenas un punto blanco.

Confundida, me arrimo despacio, con cierta desconfianza. El punto blanco poco a poco se va agrandando. Albinos, sostenidos por un cáliz verde agua, cinco pétalos resplandecen al otro lado del cristal.

Asombrada, pego la cara a la ventana fría. Me resulta imposible creer que el hasta ahora esqueleto del almendro, vapuleado por los últimos vientos de agua, haya logrado sobrevivir a tanta helada.

Y me emociono. Afortunadamente, me emociono. Las ramas rugosas se contonean con dulzura para lucir sus volantes de espuma. Manojos de pétalos que se yerguen radiantes, aterciopelados, llenos de vida. Un florecimiento que nos anuncia a mí y al tronco grisáceo la proximidad de las pinceladas verdes: hojas picudas cuyos bordes dentados terminarán de arrancar a bocados esa desesperanza que nos envuelve.

La señal de un cambio. El aliento para creer en la posibilidad de una nueva oportunidad. El augurio de un nuevo comienzo.

 

Tati Jurado

Deja un comentario