La jugada

 

 

Las primeras puntadas pasaron casi inadvertidas. Apenas un leve escozor.

La punta de la lengua buscó recorrer las pequeñas heridas pero las prisas, opresoras, le arrojaban dentelladas a doquier.

Recién cuando el hilo surgió en la otra comisura de los labios, comprendió la jugada: la palabra le había sido vedada.

 

Tati Jurado

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