La fragilidad

La fragilidad

Comenzó a urdir la sentencia cuando le hincó el diente al cuscurro. El arqueo frustrado que se instalaba en aquella ceja derecha antes de empezar a hablar le anticipaba el rumbo que iban a tomar las provocaciones. Un sarcasmo desprovisto ya de improvisación, como la costumbre solapada de brindarle siempre la punta de la barra de pan.

Y en esas estaba, como tantas mañanas, royendo la corteza con las paletas, desmembrando una vez más el pedestal con los ojos mientras el repertorio trepaba por la garganta. El enunciado de una retirada, se convencía, ahora sí definitiva.

Hasta que primero, una tos suave. Después una más fuerte acompañada de golpes secos en la base del cuello. Otra vez una miga colándose por dónde no debía, derrumbando cualquier intento de renuncia. La parábola del temor sobre esos ojos, una avalancha. Solo la fragilidad sabía esculpir una curva tan perfecta en sus cejas.

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